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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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03 Diciembre 2020 04:09:00
Esa religión llamada 4T
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Nuestro Presidente se siente tranquilo, confiado en que lo está haciendo muy bien; que nuestro país va muy bien en los terrenos económico y sanitario y que, además, lo respalda el 71% de los mexicanos.

Bueno, a propósito de esto, comparto lo siguiente: Morena o la 4T o AMLO, como prefiera, no solo es una estructura en el poder. Es también una suerte de religión, pero de las agresivas, de las excluyentes; de las que exigen incondicionalidad y que etiquetan, descalifican, reducen a conservadores, “fifís” y corruptos, a todos los que no se sometan a esta suerte de principio de fe, de un cambio no solo de la vida pública, sino también la privada de los ciudadanos.

No hay Diez Mandamientos, no, en esta religión hay centenares y cambian día a día, de acuerdo a los “otros datos” en turno. La gran catedral es el Palacio Nacional y la misa se lleva a cabo muy temprano; la llaman “la mañanera”.

Vale la pena recordar la Guía Ética de la Transformación de México presentada por el Gobierno federal, que plantea en su parte medular que los corruptos acudan a terapia sicológica con el fin de redimirse.

En el punto 9 de esta cartilla moral, la 4T nos dice que, y cito: “El perdón libera a quien lo otorga y quien lo recibe, pedir perdón y perdonar son de las cosas más difíciles de nuestra relación con los demás. Hay una resistencia natural a disculparse porque quien lo hace siempre se rebaja, se humilla o se rinde, y por ello no alcanza a vislumbrar la enorme potencia liberadora del perdón”.

Y sí, puede ser, pero el punto es que la 4T es una estructura de poder, un partido convertido en Gobierno y ese arrebato moralista pues plantea ciertos inconvenientes, más allá del fiel rebaño que son los súbditos incondicionales de Andrés Manuel.

Por cierto, hay una voz crítica, la de Porfirio Muñoz Ledo, al que se podrá acusar de lo que quiera, menos de corrupto, conservador y “fifí”. Bueno, pues Porfirio advierte que en las decisiones de política pública de la 4T se privilegia la arbitrariedad sobre la razón. Y pone como ejemplos la imposición de un presupuesto recesivo y la eliminación a rajatabla de 109 fideicomisos públicos.

Porfirio dice que los problemas que tiene el país exigen la primacía de la razón, no de la arbitrariedad, y la primacía de la razón significa que se reacomoda el gasto público por medio de una reforma cuidadosa y específicamente sobre los fideicomisos, dice que lo correcto es analizar, adelgazar, vigilar, pero no amputar. Esto último es arbitrario.

Y sí, esta nueva política-religión, que no solo pretende transformar la vida pública, sino también la privada, es muy agresiva, excluyente y arbitraria.
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